CAPILLA DEL SANTO DE LA CAPILLA DE ATOCHA

La devoción al Santo Niño de Atocha llegó a Nuevo México en 1857 cuando Severiano Medina, vecino de la pequeña comuni-dad del Potrero, enfermó y prometió que si se recuperaba pere-grinaría al santuario del Santo Niño de Atocha, en Plateros. Severiano cumplió su  promesa y, además, obtuvo el permiso para construir una capilla para albergar al Santo Niño. Fue en esta capilla donde el Santo Niño de Atocha pasó a formar parte de la cultura del norte del Valle del Río Grande.

La marcha de la muerte de Bataana

En 1941, muchos de los 1,800 Guardias Nacionales de Nuevo México que formaban el Regimiento de Artillería conocían la historia de Santo Niño y algunos habían visitado la capilla en Chimayo. Enviados en Filipinas desde el inicio de la Segunda Guerra Mundial, fueron los primeros en enfrentarse a los

aviones japoneses que atacaron el 8 de diciembre de 1941. Rezaron al Santo Niño a medida que su número disminuía. 

Finalmente, el 9 de abril de 1942, se rindieron y 75.000 soldados estado-unidenses y filipinos iniciaron lo que ahora se conoce como la "Marcha de la Muerte Bataana" hacia el campo de prisioneros de guerra. 18.000 soldados murieron en esta marcha de 61 millas. El resto se enfrentó a 40 meses de encierro en campos de prisioneros de guerra. Al final de la guerra sólo la mitad de los 1,800 Guardias Nacionales de Nuevo México seguían vivos. Los que regresaron hablaron de cómo atribuyeron su supervivencia a su fe y a la intercesión de Santo Niño de Atocha.

A finales de la década de 1940, algunos de los soldados sobrevivientes y sus familias, iniciaron lo que se ha convertido en la peregrinación anual de Pascua a Chimayo para expresar su gratitud al Santo Niño.

Capilla privada hasta 1992

La Capilla de Santo Niño de Atocha fue una capilla privada hasta 1992, fecha en que los descendientes de Severiano Medina la vendieron a la Arquidiócesis de Santa Fe. La capilla de Santo Niño está completamente restaurada gracias a los esfuerzos de peregrinos, visitantes y bienhechores. Dentro de una pequeña sala adyacente a la capilla mayor se encuentra una estatua de madera de Santo Niño realizada por el famoso santero Félix López. Los estantes de las paredes de adobe albergan zapatitos dejados por los fieles, algunos con nombres y fechas, otros con notas de súplica o agradecimiento. 

Richard L. Rieckenberg

HOLY CHILD OF ATOCHA CHAPEL

 

The devotion to the Holy Child of Atocha arrived to New Mexico in 1857 when Severiano Medina, a member of the tiny village of El Potrero, became ill and promised that, if he recovered, he would complete a pilgrimage to the shrine of Santo Niño de Atocha in Plateros. He carried out this promise and received permission to construct a chapel to host the Holy Child. It was at this chapel where the el Santo Niño became part of the culture of the northern Rio Grande Valley.

The Bataan Death March

By 1941, many of the New Mexico National Guardsmen were familiar with the story of Santo Niño. Stationed in the Philippines at the outset of WWII, they were the first to fire on the wave of Japanese fighter planes and bombers that attacked on 8 December 1941. They prayed to the Santo Niño as their supplies dwindled, and as they, and their Filipino compatriots, began the retreat to the very tip of the Bataan Peninsula where they made their last stand. Finally, on 9 April, 1942, they surrendered. 75,000 American and Filipino troops began what is now known as the "Bataan Death March" to the prisoner-of-war (POW) camp, Camp O’Donnell. As many as 18,000 soldiers were murdered on this 61-mile march. The remainder faced 40 months of interment in various POW camps. At the end of the war only half of the 1,800 New Mexico National Guardsmen were still alive. Yet, those who returned talked about how they attributed their survival to their faith and to the intercession of Santo Niño de Atocha.

By the late 1940s some of the surviving soldiers and their families, began what has become the annual Easter pilgrimage to Chimayo as a means of expressing their profound gratitude to Santo Niño.

Private Chapel until 1992

Santo Niño Chapel was a private chapel until 1992, when de descendants of Severiano Medina sold it to the Archdiocese of Santa Fe. By the generosity of pilgrims, visitors and benefac-tors, Santo Niño chapel is completely restored. Inside a small room adjoining the main chapel is a wooden statue of Santo Niño made by the famous santero, Felix Lopez. Filling shelves resting against the adobe walls are pairs of children's shoes left by the pilgrims. They are intended for the Holy Child so that he may have new shoes as he travels on his journey to provide comfort to those in need.

Richard L. Rieckenberg