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Sugerencia al peregrino

Publicamos una carta enviada al padre Julio González, párroco de la Iglesia de la Sagrada Familia y del Santuario de Chimayo, junto con su respuesta.

Estimado P. González:

Mi sobrina vive en Las Cruces y padece cáncer cervical avanzado. He sabido que muchas personas peregrinan al Santuario de Chimayo para pedir un milagro y me gustaría peregrinar por la curación de mi sobrina. Le pido orientación pues no soy católico y no conozco el procedimiento adecuado. Espero estar en Nuevo México la semana después de Pascua. Me pondré en contacto con algunos familiares que, estoy seguro, desearán unirse a mí pero no creo que mi sobrina pueda hacer el viaje. Quiero caminar desde Santa Fe a Chimayo para mostrarle al Señor que soy sincero en mi súplica. Por favor, dígame lo que necesito saber/hacer para la peregrinación.

Gracias y que Dios le bendiga.

Respuesta del P. González:

Gracias por su correo y por compartir con nosotros su amor por su sobrina. Permítame incluirla en mis oraciones a los pies del Cristo de Esquipulas y, de este modo, oramos juntos.

Estoy convencido de que Dios tiene un plan para todos nosotros, que nuestra vida tiene un propósito y que no estamos aquí sin un motivo. No conozco el plan de Dios para su sobrina pero oremos diciéndole al Señor que si esta sobrina tiene una misión que cumplir, ella y su familia están a la escucha, no lo rechazan.

Todos nosotros estamos de paso: somos peregrinos en la tierra. Vivir como peregrinos conlleva estar 

alerta, atentos a las señales que puedan ayudarnos alcanzar el destino final. La peregrinación de Jesús desde Nazaret a Jerusalén puede y debe inspirar nuestra propia peregrinación. Su actitud y enseñanzas aportan luz a nuestras vidas, su sufrimiento nos da valor, su fe nos da esperanza.

Para nosotros, el tiempo (los días, los meses, los años) puede ser muy importante pero para Dios el tiempo cuenta de otra manera: "Mil años son como un día, un día es como mil años" (Libro de los Sal-mos). Esto es un misterio para nosotros pero el peregrino está más cerca de este misterio porque está en el mundo de paso y, entonces, la vida y la muerte adquieren un nuevo significado; de ahí que san Francisco de Así llamara a la muerte: "Hermana muerte".

Mi sugerencia es:

PRIMERO: Comienza cada día con una oración. En esta oración llámale Padre. Él está a la escucha y te espera. Reconoce tus debilidades y miedos; con-fíale tus anhelos. Confíale la vida tu sobrina. Píde-le que te muestre su voluntad durante esta pere-grinación porque si no puedes entenderle, ¿cómo podrás aceptarle y serle fiel? Díselo con tus pro-pias palabras, como tú eres; pero, recuerda: le entenderás mejor con el corazón y, tal vez, tengas que hacerle sitio antes de que te envíe su gracia . La peregrinación te ayudará a vaciar tu corazón de todo lo que pueda ser un obstáculo entre tú y Dios.

SEGUNDO: Durante la peregrinación, ofrece a Dios tu cansancio, hambre, sufrimiento y dolores. De la misma manera que Jesús, su Hijo, sufrió por noso-tros, dile ahora que el propósito de tu sacrificio es la curación de tu sobrina. Ayuna de cualquier cosa que no sea agua y pan (come sólo pan y bebe agua: la peregrinación de Santa Fe a Chimayo dura sólo un día). El ayuno agrada a Dios porque te hace más fuerte, más atento, más caritativo. El ayuno no es para debilitar tu cuerpo sino para fortalecer tu voluntad y, así, también tu cuerpo.

TERCERO: No hagas tu peregrinación para tentar a Dios. No seas como Satanás y no le digas a Jesús: "Si eres el Hijo de Dios, haz esto, haz aquello..." Que tu oración sea como la de Jesús en Getsemaní: "...pero no se según mi voluntad, sino la tuya."

Espero que esto pueda ayudarte.

Bendiciones a todos los peregrinos.

P. Julio Gonzalez, SF.